
A veces, por más que lo intentas, no logras evitar tomarte sus palabras y sus acciones de manera personal. Tal vez te enganchas y dices cosas de las que luego te arrepientes. ¿Algo así sucede?... Te comprendo.
Cuando intentas escuchar, no siempre logras que la persona se sienta realmente comprendida, y los conflictos de siempre siguen sin resolverse. Es agotador, ¿cierto?
Quizás en ocasiones decides no expresar tus necesidades, por mantener la armonía, pero te quedas con resentimiento. ¿Será que tiendes a poner las necesidades de los demás por encima de las tuyas?...
Me imagino que te gustaría validar tus propias necesidades, y poder expresarlas de maneras que generen conexión. Quisieras que entre ustedes hubiera más comprensión, y una verdadera armonía. ¿Es así?
Desde niño estudié violonchelo: así comenzó mi gusto por el fluir armónicamente junto con otros. En la pubertad me tocó vivir el divorcio de mis papás, lo cual me ha de haber afectado bastante porque recuerdo mi adolescencia como la época más difícil de mi vida. Desde entonces comencé a buscar herramientas de trabajo personal.
En 1999 me certifiqué como profesor de Técnica Alexander, y desde entonces les ayudo a mis alumnos a habitar su cuerpo y a responder sin tensiones a los estímulos de la vida diaria. Un parte-aguas en mi vida comenzó en el momento en el que cayó en mis manos el libro “Comunicación No Violenta”, de Marshall Rosenberg. Desde entonces he viajado a varios países a tomar cursos de Comunicación No Violenta (CNV) con distintos maestros, entre los que destacan Marshall Rosenberg, Miki y Arnina Kashtan, Dominic Barter, Bridget Belgrave y Kit Miller. Estoy certificado como formador por el Center for Nonviolent Communication.