Entrena el contacto visual

Por Madeleine Sierra

 

Como sabes, cuando tienes una conversación con alguien, lo natural es que mantengas cierto contacto visual con tu interlocutor. En el momento en que le dices algo, por ejemplo, es natural que lo mires a los ojos para averiguar si te está entendiendo, si está de acuerdo con lo que le dices, etc.

De manera parecida, cuando hablas en público, algo que genera conexión con el público es que primero mires una persona y le digas una idea, luego mires a otra persona y le digas otra idea, y que continues transmitiendo tu mensaje de esa manera. 

Lo mismo al cantar o tocar un instrumento musical: si miras a alguien y le dedicas una frase musical, luego miras a alguien más y le dedicas la siguiente frase, tu música incluso sonará más expresiva.

Y si estás hablando frente a la cámara de video, te recomiendo que imagines  que alguien te está viendo a través de la cámara, y que le hables a esa persona. 

Si no estás acostumbrad@ a ver al público, tal vez no convenga que lo intentes directamente en una presentación, ya que eso te podría descontrolar. Podría incluso llegar a resultar doloroso, en caso de que tuvieras heridas emocionales que todavía necesitaran sanarse (como la de no haber recibido verdaderamente la mirada de mamá y de papá en tu infancia, que es de lo que hablamos en el video “El miedo escénico desde las constelaciones familiares”: https://youtu.be/a3caFWhFTt0).

En lugar de intentarlo directamente frente al público, te recomiendo entrenarlo. Puedes practicar frente a un grupo pequeño de compañeros que te caigan bien: pedirles que sean tu público, para que hagas el ejercicio de dedicarle una frase a cada quién (esto es parte de lo que practicamos en mis talleres).

Incluso frente a un grupo de compañeros de confianza, hay quienes llegan a sentir miedo, ansiedad o dolor al encontrarse con las miradas,  porque se activan heridas del pasado. Si eso te llega a pasar, te invito a percibir tu cuerpo, a observar sin juicios cómo te sientes y a acompañarte a ti mismo diciéndote “aquí estoy”, “está bien”. 

Y si no logras darte el sostén emocional que necesitas, te recomiendo que busques acompañamiento emocional de un profesional, para que puedas sanar tus heridas (yo, por ejemplo, te puedo dar ese acompañamiento).

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