Permítete sentir la tristeza que pueda surgir, al ver la distancia que hay entre cómo te gustaría que fueran las cosas y cómo son.
Permítete sentir toda la frustración que pueda surgir, al ver la visión que guarda tu corazón y todo lo que aún falta para llegar a ella.
Permítete llorar por la distancia que hay, entre cómo te gustaría que fuera la sociedad, y la realidad en la que vivimos hoy en día.
Permítete vivir el duelo por la distancia que hay, entre cómo te gustaría actuar —tal vez en ocasiones de maneras más alineadas con tus valores— y cómo logras actuar en la realidad del mundo actual.
¿Por qué permitirte sentirlo?
Porque si decidieras dejar de soñar, dejar de escuchar tus ideales, por creer que no es posible llegar a ellos, sería menos probable que fueras encontrando maneras de acercarte gradualmente a ellos.
Porque si te trataras de no sentir el dolor gastarías energía en ello (energía que podrías aprovechar para trabajar por lo que te importa).
Porque estás más viv@ cuando te permites soñar, sentir y llorar.
Porque una vez que hayas sentido de lleno la tristeza o la frustración, una vez que hayas llorado lo que necesites llorar, llegará cierta relajación, y tal vez tengas más claridad sobre cuál es un pequeño pasito que puedes tomar, que te acerque un poquito más a tu visión, tomando también en cuenta la realidad de tu presente.
(Mucho de esto lo aprendí de Miki Kashtan, gracias).